martes, mayo 10, 2016

Ligia García y García

Ligia García y García

Como una reina


Aunque era de noche, las luces iluminaban las calles con la intensidad del mediodía, la gente caminaba con un júbilo nostálgico y así se perdía entre la muchedumbre que transpiraba ansiedad por terminar las compras antes del 24.



En la calle principal se encontraba la Joyería del Centro Histórico, que ofrecía a sus clientes joyas de diseñadores de gran renombre y tradición.



—¡Esta vez debes elegir uno muy especial!, dijo Humberto a su esposa Elisa.



Ella, complacida, lo vio con gratitud y asintió.



—Elige el que más te guste. Busca un juego completo de esos que traen aretes, pulsera y todo lo demás.



—No tiene que ser uno muy caro, Humberto.



—¡Debe ser uno muy caro, Elisa! Es el juego que te mereces esta vez porque, además de todo, pronto será Nochebuena.



Con ilusión, aunque con timidez, los ojos de Elisa se movían como se mueven esas luces intermitentes de la época navideña. Miraba para todos lados, sus ojos saltaban de vitrina en vitrina mientras la encargada de la joyería le comentaba sin pausa y con insistencia las características, virtudes y precios de cada joya o de cada juego.



—Este es un bello juego de esmeraldas; se dice que ayuda a desarrollar la paciencia y la esperanza. Si lo quiere para un aniversario, dígame cuántos 



años cumplen y le digo la piedra que le corresponde. Estos son zafiros, las piedras de la paz y la felicidad. Los de aquí son diamantes, distinguidos por su brillo y dureza.



Sin tomar aire siquiera, la vendedora continuó. El rubí, para fomentar el amor. Las clásicas perlas, siempre presentes en las uniones felices. ¿Cuál es del gusto de la señora? Estos son los diseños que recién entraron, justo los de temporada. A la izquierda encontrará los de diseñadores 



italianos y los de abajo han sido inspirados en diseños antiguos. Al lado derecho, puede ver los últimos modelos de Cartier, Bvlgari y Boucheron, en ese mismo orden. ¿Qué número de anillo usa? ¡Pruébese este! ¡Mire qué lindo se le mira, le luce con el tono de su piel...!



Elisa se sentía como perdida entre aquel escenario lleno de bullicio y tanto fulgor.



Se vio las manos, y pudo ver en ellas los anillos más finos y bellos. Se tocó como inconscientemente los aretes que llevaba puestos, y de inmediato 



los pudo reconocer. Con la punta de sus dedos recorrió el collar que llevaba puesto y, sin necesidad de verlo, supo cuál era la historia del mismo.



—¡El que tú quieras, amor mío! ¡El que más te guste!, dijo con insistencia Humberto a Elisa.



Antes de que él terminara de hablar y aún perdida en los recuerdos, los ojos de Elisa empezaron a brillar y, en sus lágrimas, se reflejaban todas las luces del entorno.



Volvió a tocarse las joyas que llevaba puestas y, automáticamente, los recuerdos empezaron a surgir... Los aretes, recuerdo de la primera bofetada; el anillo de zafiros y diamantes, símbolo de reconciliación de la golpiza de cumpleaños porque los invitados se marcharon ya muy tarde; la pulserita de perlas, el perdón de un par de patadas que recibió el día de la boda de su hermana debido a un ataque de celos porque convivió de más con su familia.



Elisa siguió leyendo la historia de su vida y de sus golpes conforme iba recordando cada joya.



Ahora, Humberto le ofrecía una más especial porque estaban a dos días de celebrar la Navidad, y también porque la última vez se le había pasado la mano y la lastimó hasta que la hizo perder el conocimiento. Por los insultos nunca le dio joyas ni le pidió perdón, quizás esas heridas aún no se han sanado.



Aunque todas las joyas de Elisa tienen una historia que contar, ella no las ha dejado hablar. Sus amigas aún la envidian, sienten que Humberto de verdad la trata como a una reina. Quizá pronto también morirá, entre joyas, como una reina.


***

Como Una Reina

La mujer de las mil joyas 
todo el mundo la llamaba, 
parecía una reina, 
las mujeres la envidiaban.

Iba vestida de gemas, 
y su brillo deslumbraba, 
mas no se sentía feliz, 
sufría la desdichada.

Una noche de repente, 
cerca de la Nochebuena, 
la llevó su amado esposo 
a su tienda predilecta.

¡Pide!, - le dijo el esposo-,
la joya que tú prefieras, 
esta vez te lo has ganado, 
has sido una mujer buena.

La mujer de las mil joyas 
se puso más que contenta, 
brillaron, luego, sus ojos, 
pronto tendría otra gema.

En el brillo de sus ojos,
aparecieron sus penas,
y se mezcló con su llanto,
la historia de cada piedra.

Tenía miles de heridas,
sufría miles de penas,
la mujer de las mil joyas, 
y de los diez mil problemas.

El esposo la golpeaba,
por amor –decía ella-,
le curaba cada herida,
regalándole una gema.

Se fue llenando de heridas,
se fue llenando de penas,
se fue llenando de joyas,
se fue llenando de ofensas.

Las noticias anunciaron,
después de la Nochebuena:
“La mujer de las mil joyas
ha muerto como una reina”.

Dice la gente del barrio, 
que se ha quedado sin reina:
se quedó solo el esposo 
de la mujer sin problemas.

La mujer de las mil joyas, 
ha muerto junto a sus penas, 
hoy oculta una corona 
el golpe de la cabeza.